Para protegerse del sol, uno de los métodos más efectivos es la aplicación de cremas protectoras. Para evitar problemas en la piel, es importante saber qué es el Factor de Protección Solar (FPS o SPF). Este valor actúa multiplicando el tiempo que la piel puede estar expuesta al sol.

Pero este tiempo depende también del tipo de piel de cada persona y, según los dermatólogos, existen 6 clases diferentes en base a su tonalidad, facilidad para quemarse frente al sol y capacidad para broncearse: es lo que se conoce como fototipos de piel. Por ejemplo, las pieles más claras (fototipo 1) pueden resistir al sol sin quemarse 10 minutos.

Así pues, con una crema con un factor de protección 50, la piel no se quema hasta que haya sido expuesta a 50 veces la cantidad de la energía solar que normalmente haría que sufriera una quemadura, teniendo en cuenta que la cantidad de energía solar no solo depende del tiempo que está expuesta al sol, sino también de la hora del día a la cual se realiza la exposición.

 Esta teoría no contempla los diversos factores que disminuye la eficacia de la protección de las cremas, como por ejemplo la duración, el contacto con el agua o arena, o el efecto de la fricción con la ropa. Por eso los especialistas indican la necesidad de la aplicación de una protectora cada hora u hora y media durante la exposición del sol y la responsabilidad de aplicarse la protectora 30 minutos antes de la exposición al sol, ya que los filtros solares tienen que ser absorbidos por las capas más profundas de la piel para la efectividad de la protección.

El sol es muy agradable y lucir un bronceado bonito gusta a todo el mundo, pero también puede ser muy peligroso y tomar las precauciones necesarias ya no es cuestión de lucir piel, sino cuestión de salud para la piel